sevilla, caballos

El coche de caballos, compañero inseparable del hombre desde el siglo XIV antes de Cristo, pasó a ser una reliquia del pasado cuando aparecieron los vehículos a motor. Pese a ello, las calles del Real de la Feria de Sevilla se resisten a que el progreso cambie su fisonomía. Así, si en los primeros años los tratantes de ganado se trasladaban a Sevilla en sus calesas y jardineras para negociar la compra y venta de las cabezas de ganado, hoy La Feria es un espacio donde se dan cita, año tras año, los carruajes más bellos de España, los mejores cocheros y los más espléndidos caballos. Tampoco se entiende la Feria sin los caballistas ataviados con traje corto y sombrero de ala ancha. Es el paseo de caballos.

Desde el nacimiento de la Feria, la exhibición de los distintos tipos de enganches por las calles del Real ha sido constante. En los primeros años era evidente la distinción social entre los carruajes. Mientras la alta burguesía acostumbraba a enganchar a la inglesa y se hacía acompañar por cocheros profesionales y lacayos, los tratantes de ganado y las clases más populares utilizaban el enganche típicamente andaluz a la calesera, que es una guarnición más rústica y más relacionada con los trabajos de campo. Además, la aristocracia enganchaba sus carruajes a caballos, mientras que las clases más populares lo hacían a mulos.

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