Doña Regla Manjón y Mergelina nació en
Sanlúcar de Barrameda en
1851,
en el seno de una familia de origen asturiana aunque con lazos de
unión con la localidad gaditana. A pesar de ello vivió
desde joven en Sevilla, donde sus padres tenían casa en la Plaza
del Duque. Se casó muy joven con Federico Sánchez Bedoya,
también sevillano y oficial del cuerpo de Artilleros. Con la
restauración monárquicase afilió al partido
conservador, siendo elegido repetidas veces diputado en Cortes,
llegando a ser vicepresidente.
Durante su matrimonio, doña Regla llevó una vida
subordinada a la actividad pública de su marido, aunque ya desde
muy joven mostró una extraordinaria afición a las
antigüedades y a los estudios históricos. Es a partir de su
viduedad, careciendo de hijos cuando se vuelva en su pasión
coleccionista: en 1901 adquiere la casa de la
Calle Cuna de la
testamentaría de los
Condes
de los Corbos, la cual amplia más adelate con propiedades
adyacentes, comprando el primero de los mosaicos romanos procedentes de
Itálica que pavimentan hoy en dia casi totalmente la planta
baja.
Entre 1901 y 1914 fue construyendo su casa, poniendo siempre a
disposición de los investigadores las distintas piezas de las
colecciones. Esta generosidad impusló a la
Real Academia de las Bellas Artes de
Santa Isabel de Hungría a elegirla académica de
número en 1918. Fue la primera y única durante muchos
años mujer en la institución.
Dos años más tarde fue elegida académica de la
Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Desde 1922
formó parte de la
Comisión
de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de
Sevilla.
Estos nombramientos suponían el reconocimiento oficial a su
labor en pro de la defensa y la difusión del patrimonio
artístico de Sevilla, aunque no fueron los únicos de los
que fue objeto.Y es que Doña Regla emprendió una
admirable labor caritativa: Desde 1904 hasta 1937 a favor de los
niños abandonados, labor que fue reconocida por la
Diputación Provincial de
Sevilla en 1938.
Desde 1916 doña Regla fue además vicepresidenta de la
Junta de la Lucha Antituberculosa. En ese mismo año, el
Ayuntamiento de Sevilla la nombró Hija Adoptiva y Predilecta de
la ciudad, “a fin de enlatecer los méritos de tan caritativa
señora”, como recoge el pergamino conmemorativo.
Con motivo de la Guerra de África, en 1921, desarrolló
una intensa actividad recaudando fondos y trabajando a favor de los
hospitales militares. También en ese año el Rey Alfonso
XIII le concedió la
Gran
Cruz de la Beneficencia.
En 1930 sale en Madrid, sin firma de autor, y en tirada de sólo
trescientos ejemplares, un libro titulado “Agua pasada. Poesías
Originales”. La propiedad de la tirada es la Condesa de Lebrija,
encontrando en la obra poesías dedicadas a autores, a libros, a
una lámpara romana, a un cuadro de Van Dyck, a la biblioteca,
etc. Y es que en lo que a libros se refiere, Doña Regla
aportó al matrimonio unos cuatro mil volúmenes, el doble
de los que formaban parte de su marido.
Pero, ironías del destino, la Condesa apenas pudo disfrutar de
esta biblioteca, ya que una afección ocular le impidió
leer durantelos últimos años de su vida, como ella misma
relata en su manuscrito.
El 19 de febrero de 1938 falleció la Condesa de Lebrija en su
casa de la Calle Cuna, resultando heredero de sus bienes su sobrino,
don
Pedro Armero Manjón,
Conde de Bustillo. Se iniciaba así una nueva etapa para la casa
construida por Doña Regla con tanto entusiasmo.
Dos efigies de doña Regla mantienen vivo su recuerdo en el
museo, ambos correspondientes a los últimos años de su
vida.
Fuentes: Palacio de Lebrija,
Antonio de la Banda y Vargas (Universidad de Sevilla)