La Catedral de Sevilla

La Catedral de Sevilla está situada sobre el emplazamiento de la Gran Mezquita erigida en el siglo XII y de la cual conserva su alminar, hoy denominado Giralda por la veleta con que fue rematado en el siglo XVI, el Patio de las Abluciones, y lo que fue Puerta Principal de la Mezquita, hoy denominada “Puerta del Perdón”.
La Mezquita fue convertida en Catedral Cristiana cuando la Ciudad fue conquistada por Fernando III de Castilla en 148, sin que por ello se alterase su estructura. En 1401 se decide levantar un nuevo Templo, existiendo la tradición de que uno de los canónigos, cuando se tomó el acuerdo pronunció la frase: “Hagamos una Iglesia tan grande que los que la vieren acabada nos tengan por locos“. La frase no resulta exagerada, ya que es el mayor Templo Gótico del Mundo y el tercer Templo de la cristiandad tras San Pedro del Vaticano y San Pedro de Londres. Esto nos da una idea de la imposibilidad de mencionar ni siquiera una pequeña parte de los tesoros artísticos que contiene.
Está compuesta por cinco naves, siendo más alta la principal, 36 metros, que las laterales, 26 metros La altura máxima, 40 metros, la presenta el Crucero. La planta es un rectángulo de 116 metros de longitud por 76 metros de anchura.
En las naves laterales se disponen Capillas intercaladas entre los contrafuertes. La Capilla Mayor ocupa sin embargo un tramo de la nave central. Destacan las Rejas de Hierro y los Púlpitos, obras del siglo XVI de Fray Francisco de Salamanca. El Retablo Mayor, considerado como el más grande de la cristiandad, es obra que se realiza en diversas fases a lo largo de casi un siglo, entre 1.482 y 1.564, según las trazas de Pyeter Dancart. Otros que intervinieron fueron: Pedro Millán, los hermanos Jorge Fernández Alemán y Alejo Fernández, Roque Balduque, Juan Bautista Vázquez El Viejo y Pedro de Heredia. Otro tramo de la nave central está ocupada por el Coro, cuya sillería es obra realizada entre los siglos XV y XVI.
La Capilla Real, situada en el muro de la cabecera, es obra de Martín de Gaínza, del siglo XVI que sustituyó al antiguo ábside gótico. En la hornacina principal del retablo, recibe culto la Virgen de los Reyes, imagen gótica de la segunda mitad del siglo XIII y que perteneció a Fernando III. Ante el Altar de la Virgen de los Reyes se dispone una urna de plata dorada y cristal que contiene el cuerpo incorrupto de San Fernando.
La Sala Capitular, obra de Hernán Ruíz, de la segunda mitad del siglo XVI, es uno de los recintos más admirables de la Arquitectura española del Renacimiento. La Sacristía Mayor fue comenzada a construir por Diego de Riaño y continuada por Martín de Gaínza, que la termina en 1543 y constituye un magnífico ejemplo del plateresco.
En el interior de la Catedral se encuentran los restos de Cristóbal Colón, los cuales fueron traídos de la Catedral de la Habana al independizarse Cuba. Los cuatro heraldos que llevan el féretro a hombros representan cada uno de los reinos de la Corona Española; Castilla, León, Aragón y Navarra.
Una mención especial merece el excepcional conjunto de Vidrieras de la Catedral, la mayoría realizadas en el XVI.



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Sevilla es un sentimiento, Sevilla es un estado de ánimo, Sevilla es un modo de vida totalmente diferente al resto. Leyendo esta página espero que te impregnes de su olor, su magia y te apetezca conocer cada rincón de ella.


















Las catedrales son la expresión más majestuosa de la sociedad medieval que impregnó de belleza a la Cristiandad. Ellas son un exponente de espiritualidad elevándose hacia el cielo como plegarias, pero también son una maravilla del arte arquitectónico de los que no hay antecedentes. Las pirámides son de una simplicidad casi infantil: una pila de piedras – una estructura tan básica como estable. Los templos griegos son poco más que galpones: techos colocados sobre columnas. Aún el Coliseo, impresionante como es, más ancho que alto. Pero las catedrales góticas son más altas que anchas, y sus altas torres son un verdadero encaje de piedra. No hay en el mundo antiguo una estructura tan ambiciosa como la Santa Capilla de Paris, con sus altas paredes de vidrio desafiando la gravedad, ni como tantos otros exponentes de la arquitectura gótica.
“Los cielos relatan la gloria de Dios. Las catedrales agregan a ello la gloria de los hombres. Ofrecen a todos los hombres un espectáculo espléndido, reconfortante, exaltador”.
“Los góticos han amontonado piedra sobre piedra, cada vez más alto, no como los gigantes para atacar a Dios, sino para aproximarse a Él”
“El arte era para ellos (los góticos) una de las alas del amor. La religión era la otra”
Su grandeza, al tiempo que suscita nuestra admiración más rendida, no deja de apabullarnos. «¡No somos más que despojos!», exclamó Rodin, deslumbrado por el esplendor de la catedral de Chartres.
“Leo Moulin –dice Vittorio Messori – me habla de aquella Edad Media que ha estudiado desde siempre: «¡Aquella vergonzosa mentira de los “siglos oscuros”, por estar inspirados en la fe del Evangelio! ¿Por qué, entonces, todo lo que nos queda de aquellos tiempos es de una belleza y sabiduría tan fascinantes?