www.en-sevilla.com | Exposicion Iberoamericana de Sevilla 1929
La Exposición Iberoamericana de
1929 y las obras con ella relacionadas transformaron
profundamente la Sevilla del primer cuarto del siglo XX. El concurso de
anteproyectos realizado en 1911 fue ganado por el arquitecto sevillano Aníbal González,
autor de la Plaza de América y sus tres pabellones realizados
entre 1911 y 1919 -Mudejar, Renacentista y Real- hoy sede del Museo de Artes y Costumbres Populares,
Museo Arqueológico y dependencias municipales respectivamente.
Fue desde luego la Plaza de España la obra culminante de este
arquitecto cuya construcción se extiende entre 1914 y 1928.
Junto a ésta se encuentra el Pabellón de la
Telefónica (Juan Talavera) y en el Prado de San
Sebastián, el Pabellón de Portugal (Revello de Andrade)
En los
Jardines de San Telmo se encuentran el que fue Pabellón de
Sevilla, conjunto integrado por el Teatro Lope de Vega y el Casino de
la Exposición (Traver y Tomás), el Pabellón de
Chile (Martínez Gutierrez), el Pabellón de Uruguay
(Cravotto), el Pabellón de Perú (Piqueras Cotolí)
y el de Estados Unidos. En el Paseo de las Delicias se ubican los Pabellones de Guatemala
(Granados), Argentina (Martín Noel), Colombia (Granados), Brasil
(Bernardes Vastos) y Méjico (Amábilis Dominguez); en la
Avenida de Moliní, el Pabellón
de Marruecos (Gutierrez Lescura y Mariano Bertuchi) y el de la
Comandancia de Marina (Traver y Tomás); en la Avenida de la Raza
el Pabellón Vasco
(Basterra). Otras actuaciones realizadas en la ciudad con motivo de
dicha exposición fueron el acondicionamiento del Parque de Maria Luisa por el
ingeniero francés Forestier; la construcción del Hotel
Alfonso XIII (Espiau), el ajardinamiento frente al Archivo de Indias,
la apertura de diversas calles que facilitaron la comunicación
entre diferentes zonas de la ciudad y la creación del Barrio del
Porvenir y el de Heliópolis.
Santa Cruz es el nombre con
el que en la actualidad se denomina una parte de la antigua Judería. Referencias
de la etapa almohade denominan la zona que se extiende desde la Puerta
de Jerez a la Puerta de la Carne como Barrio del Alcázar de la
Bendición. No existe constancia que aquella zona estuviera
ocupada por judíos desde la etapa musulmana de la ciudad aunque
existe una tradición que nos dice que cuando la ciudad fue
conquistada por Castilla en 1248, al rey Fernando III los almohades le
entregaron la llave de la ciudad y los judíos la de la
Judería. Aunque no es más que una tradición las
dos llaves que se conservan en el Tesoro de la Catedral parecen
confirmarlo. Lo que si que es cierto es que una vez conquistada la
ciudad todas las mezquitas fueron entregadas a la iglesia excepto tres
que se concedieron a los judíos.
Las
relaciones entre judíos y cristianos no siempre fueron
pacíficas. La práctica de la usura levantaba odios y
recelos en el resto de la población. El gran asalto que tuvo
lugar en 1391 acabó con el carácter judío del
barrio. Podemos pensar que debió de producirse una gran matanza
aunque los coetáneos del suceso destacan el número de
conversiones. Las casas incautadas a los judíos fueron
entregadas a los cristianos y las sinagogas convertidas en iglesias
cristianas que recibieron los nombres de San Bartolomé, Santa
María la Blanca y Santa Cruz. Desde esa fecha la parte del
barrio en torno a esta última parroquia recibió el nombre
con el que lo conocemos hoy.
Nos queda
mencionar que la Parroquia de
Santa Cruz en la que fue enterrado Murillo fue derribada en el
siglo XIX -durante el corto periodo de ocupación francesa-
perdiéndose cualquier resto de la que fue sinagoga pero
nació la Plaza de Santa Cruz que se decoró muchos
años después con la Cruz que se trajo de la calle
Cerrajería. Y hemos llegado a los años de
preparación de la ciudad para la Exposición
Iberoamericana. La existencia de este barrio peligró con el
afán modernista de los ensanches. El proyecto contemplaba dos
grandes vías que partiendo de la actual Virgen de Los Reyes
hubieran desembocado en la Ronda, haciendo desaparecer lugares tan
emblemáticos como las calles Mesón del Moro y Santa
Teresa, las Plazas de Santa Cruz, Alfaro, Doña Elvira…
La
polémica estaba servida. Afortunadamente la acción del
Marqués de la Vega Inclán, comisario regio de Turismo e
incluso la opinión del propio Alfonso XIII que aunque
donó la Huerta del
Retiro para facilitar la apertura del Barrio había
manifestado su interés por la conservación del mismo,
evitaron la catástrofe. El resultado fueron unas actuaciones que
dieron lugar al aspecto que presenta hoy día: pavimento de
cantos rodados y losetas de tarifa, ladrillos en sardinel, la
adecuación de la plaza de Santa Cruz por Talavera a la que ya se
ha aludido así como la de Doña Elvira, el ajardinamiento
alto en el Callejón del Agua, la transformación en
jardines de la donación real de la Huerta del Retiro, etc. En
resumen unas mejoras que salvaron este espacio y lo convirtieron en
atractivo turístico de primer orden.
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